Una pequeña opinión

En estos momentos en los que, después de muchas dificultades, la unión de Europa ya casi es una realidad, pienso que los artistas plásticos de las diferentes etnias hemos tenido mucho que ver en ésta. Los políticos, que seguramente están pasando por el momento de más desprestigio de la historia, aprovechan todas las posibilidades para llegar al pueblo que les ha votado y que puede dejar de hacerlo. Cada Estado encarga a sus técnicos revisiones de las diferentes modalidades del arte que nos han precedido, buscando paralelismos que avalen la gestión de la política actual. Llegamos a final de siglo conviviendo con las diferentes maneras de entender el arte, mientras asistíamos a la muerte del artista tal como lo habíamos entendido hasta ahora. ¿Cuál será el papel del artista en este siglo que estamos a punto de estrenar? Cuesta imaginarlo. Esta persona a quien el sistema ha permitido desligarse de la rigidez del mercado de trabajo, sobreviviendo a veces al límite de la realidad, esperando el triunfo si llega, e ingresando con su producción en la publicidad del estado. Esta individualidad, tan necesaria para el plástico en este siglo, puede en un futuro ser un inconveniente delante de los grandes equipos de trabajo en el arte del cine, del teatro o de la televisión. Desde el arte prehistórico hasta hoy, el papel del artista plástico ha sido el de comunicador y de fiscal de la conciencia colectiva, naciendo y muriendo todos los días. Amados y odiados, estaréis de acuerdo en que en una colectividad tienen una función paralela a la del cura, el médico, el notario o el maestro. Es mi amigo Bernd Zimmermann este tipo de artista apreciado y necesario, lo es aquí en Girona (Cataluña) igual, como he podido comprobar, que en Albstadt, su lugar de origen. Sus desgarradas esculturas, como sus cuadros, son el reflejo de la complejidad que nos ha tocado vivir. Su fidelidad indiscutible al ser humano es el eje central de su extensa obra, moldeada en barro, material tan su-gestivo para este tema ya que en ello nos volveremos algún día. Aquí en Girona es persona querida por toda la colectividad de artistas y seguidores del arte, es más, pensamos que sus cuadros y esculturas forman parte ya de la manera de sentir de nuestro pueblo, un pueblo que, con toda humildad me atrevo a subrayar, ha dado a la cultura universal nombres como Dalí, Miró, Tàpies, Cuixart, Llorenç, Artigas y hasta muchos miles más, que son los constructores plásticos de nuestra iden-tidad. A Zimmermann, uno más de nuestro colectivo, le deseo también el reconocimiento de su pueblo y una larga vida para continuar su obra y continuar beneficiándonos de su amistad.

Xicu Cabanyes
Can Ginebreda, Junio-97

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